como Hermanos


Su Santidad el Papa Francisco, afirmó en el segundo año de su pontificado: ” Quién soy yo para juzgarles”. Se refería a las personas de orientación no heterosexual.

Sin duda ha sido un hito en la Historia de la Iglesia Católica. Sin embargo, la Historia a veces nos golpea con … eventos inesperados.

¿Imaginan a un sacerdote católico bendiciendo una unión estable entre dos personas del mismo sexo? Pues no imaginen, desde hace más de 19 siglos viene haciéndose.

Eso sí, esas uniones … diferentes, requerían una serie de requisitos. Si, y solo si se daban, la Iglesia las bendecía.

El nombre de tal unión en griego era de «adelfopoiesis» ―conocida en latín como fraternitas iurata y ordo ad fratres faciendum― era una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Moderna en Europa, para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres). 

El término adelfopoiesis (literalmente ‘hacer hermanos’) proviene del griego ἀδελφός (adelfós): “hermano”, y ποιῶ (poió): “hacer”.

La primera noticia moderna que se tiene del rito de la  adelfopoiesis es de 1914, cuando P. Florenski (erudito ruso) ita los elementos clave del rito:

  1. los hermanos, que están colocados en la iglesia delante del atril, en el cual se encuentra la cruz y las escrituras; el mayor de los dos se coloca a la derecha, mientras que el más joven se coloca a la izquierda;
  2. se realizan oraciones y letanías que piden que los dos sean unidos en el amor y se les recuerda ejemplos de amistad de la historia de la Iglesia;
  3. se ata a los dos con un cinturón, colocan sus manos colocadas sobre los evangelios y se les da a cada uno una vela ardiendo;
  4. se leen los versículos de la Primera Carta de San Pablo a lo s Corintios 12.27 a 13.8 (sobre el amor) y del San Juan 17:18-26  (sobre la unidad);
  5. se leen más oraciones y letanías como las indicadas en el punto 2;
  6. se lee el Padrenuestro;
  7. los futuros hermanos reciben los regalos santificados de una copa común;
  8. se les conduce alrededor del atril mientras se dan la mano y se canta el siguiente troparion: «Señor, mira desde el cielo y ve»;
  9. intercambian besos;
  10. por último los presentes cantan: «¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!» (Salmos, 133.1)

En la Iglesia Católica, los sacerdotes rara vez participaban en tal rito hasta bien entrada la época moderna. Si no era en el marco de una misa y ante un sacerdote, los «hermanos» juraban de todas formas sobre un altar y lo anunciaban a la comunidad en la puerta de la iglesia.

Pero más que el juramento, era el enterramiento común lo que daba una vertiente religiosa al «parentesco artificial». De la extensión de esta práctica son testigo los cementerios ingleses e irlandeses en los que se pueden encontrar numerosos enterramientos con los nombres de dos hombres.Las inscripciones son a menudo una muestra del cariño que se tenían: «El amor los unió en la vida. Que la tierra los una en la muerte».

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